Sobre el fugaz regreso de Kasparov al ajedrez

 

La Copa Sinquefield es uno de los torneos que conforman una especie de Grand Prix, al cual se le ha denominado Grand Chess Tour 2017, en donde hay personas con mucho dinero que patrocinan una serie de eventos que se dan en diversas partes del mundo, ya se Noruega, Estados Unidos, Francia y Londres. En un sistema en donde una serie de jugadores de alto nivel son invitados a participar, estos juegan diversas variantes del ajedrez clásico, en lo que se refiere a tiempos de reflexión. Así, juegan a 5 minutos por partida, con 3 segundos de incremento, o a 25 minutos por partida, con 10 segundos de incremento o finalmente, a 1:40 horas para toda la partida, con 30 segundos de incremento por jugada.

Así, puede ocurrir que un jugador no tenga muy buen resultado en una de las modalidades de juego, pero se recupere en alguna otra. Lo interesante es que quizás podemos tener un ajedrez más vivo, más variado, en donde hay más acción, más triunfos de los mejores frente a otros, igualmente buenos, que por alguna casualidad jugaron mal en un apuro de tiempo.

Curiosamente, en la Copa Sinquefield que acaba de terminar el viernes 17 de agosto de este 2017, se invió a Garry Kasparov, a participar en las modalidades blitz (5 minutos) y activo (25 minutos). Kasparov tuvo aproximadamente un mes para prepararse para este evento, que finalmente no era de exhibición, sino como parte de este Grand Chess Tour.

¿Qué podríamos esperar de Garry Kasparov, probablemente el mejor jugador de todos los tiempos, pero con 12 años en el retiro? ¿Podría oponer suficiente resistencia a jugadores que bien podrían ser incluso más de uno sus hijos? Las incógnitas eran ya muchas y la participación de Kasparov comenzó con la modalidad de partidas activas, a 25 minutos por jugador, para toda la partida, con un incremento de 10 segundos por cada jugada hecha, empezando por la primera.

En las primeras tres partidas Kasparov soportó los embates de sus rivales, empatando en las tres ocasiones. Y hay que decir que la nómina de rivales era difícil: Karjakin, Nakamura, Aronian, Nepomniachtchi, Le Quang, Navara, Anand, Caruana y el cubano Lenier Domínguez. Sin embargo, en el segundo día, Kasparov perdió con Nepomniachtchi y con Navara, en donde contra este último estuvo totalmente ganado. En el tercer dóa perdió con Caruana pero Le Quang le regaló la partida de manera insólita, dejándose una torre boba.

Una vez le preguntaron al excampeón mundial Kramnik quién era su actor favorito. El gran maestro ruso dijo: “Kasparov” y sonrió, pero indicando claramente muchas de las actitudes del llamado Ogro de Bakú. Kasparov en sus partidas gesticula, puede poner cara de asombro o de molestia, es todo un show en el tablero. Digamos que lo que no tiene es talento para jugar al póker, porque de las caras que hace ya se sabría qué cartas tiene. Y en esta modalidad de 25 minutos mostró todas las facetas de expresividad habidas y por haber.

Los dos últimos días de competencia, se hicieron en modalidad Blitz, a cinco minutos por jugador, con 3 segundos de incremento por jugada. En esta modalidad Kasparov quedó en un honroso 5º lugar, y combinando ambos resultados, quedó en un 8º lugar general. El ganador fue Levon Aronian, que jugó un magistral torneo.

Pero en resumen, ¿qué podríamos decir de Kasparov? Es claro que su ajedrez no es tan fuerte como hace 12 años, cuando se retiró, pero aún así, conserva mucho del talento del mejor jugador de todos los tiempos. Hay que decir que Garry Kasparov enfrentó a ajedrecistas de elite, profesionales, en donde muchos están en un gran momento y además, trabajan en ajedrez doce horas por día. Considerando esto, es claro que esta prueba muestra que es difícil luchar contra el tiempo, que parece debilitar la más férrea atención en el tablero.

En cualquier caso la experiencia fue interesante y permite comparar y contrastar lo que juegan ahora los grandes maestros de elite contra lo que jugaban los anteriores grandes jugadores. Creo que todos sabemos que Kasparov sigue siendo un grande y desde luego, acostumbrándonos a verlo ganar siempre, este resultado podría considerarse muy malo, pero de acuerdo a las circunstancias, el ogro de Bakú hizo un gran trabajo.

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