Estudiando a los grandes campeones mundiales


Hoy día el ajedrez es relativamente popular. La cantidad de niños y jóvenes que se incorporan a los torneos en todas partes del mundo crece considerablemente. El juego ciencia permite desarrollar una serie de habilidades deseables como la concentración, el cálculo y el conocimiento de los conceptos importantes que hacen que uno juegue bien (o relativamente bien). Además, en términos competitivos tiene también un buen número de enseñanzas: el aprender a perder, el aprender también a ganar, el saber reconocer la derrota, el sobreponerse de la misma, etcétera. Vamos, que el juego ciencia de competencia es muy duro y duele mucho perder pero esto forja el carácter y a la larga nos hace ser mejores personas.

Hay muchas ideas sobre qué estudiar, cómo progresar, qué hacer y qué no hacer. Sin embargo, la mayoría de los grandes jugadores y entrenadores estarán de acuerdo que hay un legado, producto de muchos siglos, en donde las mejores cabezas se han enfrascado por tratar de entender este maravilloso mundo de las 64 casillas. Y por ello, es claro que lo mejor que podemos hacer para mejorar es ver lo que efectivamente, los grandes exponentes del tablero han dejado en sus partidas para la posteridad.

¿Pero quiénes son estos grandes exponentes? Amén de que hay un número grande de jugadores fuertes, los mejores son sin duda los campeones del mundo. Así, la sugerencia parece entonces mucho más clara: vea las partidas de los grandes campeones mundiales, y si puede, quizás valga la pena verlas desde un enfoque histórico, empezando por Steinitz y terminando (al menos por ahora), con Magnus Carlsen.

Esto sin duda es un enorme trabajo por hacer porque probablemente haya miles de partidas que revisar. Baste decir que Karpov en diez años jugó más de 3 mil partidas, cosa que sobrepasa en mucho a campeones mundiales como Capablanca, que debe haber jugado, en torneos oficiales, unas 500 partidas. Bobby Fischer, además de ser uno de esos obsesivos consagrados al ajedrez, no tiene más de 1000 partidas oficiales. Hoy, desde luego, cualquier jugador fuerte puede jugar en pocos años lo que Fischer jugó en unos 20 años o más, porque los aviones van y vienen y los torneos sobran. El ajedrez ha cambiado mucho y es claro que en ese sentido hay una gigantesca cantidad de encuentros que revisar. Es una tarea ingrata en términos de tiempo.

Considerando esto último, tal vez la mejor idea sea elegir a un jugador y revisar las partidas más importantes del mismo. Hay muchísima bibliografía de todos los campeones del mundo en donde además, los autores de estas obras han elegido ya las partidas que se consideran las mejores que han jugado. De ahí, incluso, habría que seleccionar algunas que nos parezcan más importantes, pues el tiempo es escaso.

Pero no baste, quepa la advertencia, de simplemente mirar estas partidas. Eso no lo llevará a mejorar su ajedrez considerablemente. Lo que se requiere es el trabajar en las partidas elegidas con mucho detalle, analizando cada encuentro como si fuese propio. Así, para ponerle un ejemplo, si elige a Kasparov como sujeto de estudio y elige las mejores partidas, digamos unas 100 (aunque tiene muchas más), esto podría llevarle 100 días si es que analiza una partida, por día, es decir, poco más de tres meses. Esto, de nuevo, lleva tiempo.

Mucha gente quiere estudiar mucho y se sorprende que no mejora. La realidad es que no podrá mejorar mientras no se decida a hacer un trabajo serio, metódico y no azaroso de ver una partida por acá, resolver un estudio por allá y jugar una que otra partida rápida o semirrápida para “entrenarse”. La realidad es que en el fondo estará perdiendo el tiempo. Solamente el esfuerzo consciente sobre un tema, involucrarse en tratar de entender cómo estos grandes jugadores llegan a conocer los detalles más sutiles de la posición, lo puede llevar a verdaderamente tener un brinco en su nivel de juego.

No es pues la cantidad de partidas que veamos o estudiemos, sino cómo las estudiamos y las analizamos los que pueden hacer esta diferencia.

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