Vladimir Nabokov: ajedrez con mariposas (2)

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V. Nabokov y su esposa Vera (fotografía publicada en 1951 en la revista Life Magazine, según ajedrezsocial.org)

Durante el gobierno provisional de 1917 el padre fue nombrado jefe de la cancillería, algo así como un secretario ejecutivo del gabinete. Más adelante Trotsky lo nombró ministro con cartera pero Alexander Kerenski, único socialista y miembro del soviet de Petrogrado en el gobierno, indicó que si Nabokov participaba en los debates y con ello fortalecía al gobernante Partido Democrático Constitucional, él, Kerensky, protestaría públicamente y abandonaría el gobierno.

El padre logró ponerse a salvo el día del asalto al palacio de invierno por los bolcheviques; en tanto, Vladimir escribía poemas en su casa. “Mientras escribo, de la calle me llegaba el ruido del fuego graneado de los fusiles y el sucio tableteo de las ametralladoras”.

La familia parte primero a Crimea y el padre llegaría después, apenas a tiempo para huir, pues los bolcheviques bombardeaban la ciudad. Se lee en el diario del padre: “Preocupaciones, temores. Ambiente infinitamente opresivo… Por la tarde ajedrez con Volodya… Ha empezado a jugar de una forma que no está nada mal”.

En esos días Nabokov da término a su primera obra teatral, Vesnói (En primavera), en un solo acto. Hay cuatro personajes: una pareja de jóvenes enamorados, un jugador de ajedrez y un forastero, un adelanto del Nabokov futuro.

No todo era opresivo en ese primer exilio en Crimea. Escribe en su diario: “guapas jovencitas de miembros bronceados y adornados con brazaletes, un famoso pintor llamado Sorin, actores, alegres oficiales del ejército blanco… con las fiestas en la playa, las excursiones al campo, las hogueras, el mar empapado de luna y una buena provisión de moscatel de Crimea, hubo muchas diversiones amorosas.” Y luego en Habla, memoria: “aquellas fiestas de vino en las playas de un mar fosforescente, bajo las estrellas de las calurosas noches de verano, con jovencitas ardorosas, indolentes y ligeras de ropa”.

En esa época empezó a elaborar sus primeros problemas de ajedrez. Nabokov, sin embargo, no fue un jugador de alto nivel como cabría esperar por sus facetas de conversador y aficionado, pero la composición de problemas le permitió descubrir la intensidad de pensamiento que ya conocía por su experiencia como poeta.

El interés del joven escritor por la composición de problemas de ajedrez tomaba cuerpo en un cuaderno de trabajo de septiembre-octubre de 1918 que lleva el título de Stijí y Sjemy (Poemas y esquemas), un anticipo de Poems and problems, que publicaría muchos años después en Estados Unidos.

A principios de abril de 1919 Nabokov y su familia lograron abordar el Nadezhda, un pequeño y sucio barco griego, un poco antes de que comenzara el bombardeo del Ejército Rojo.

Por el espejeante mar de la bahía de Sebastopol, bajo el furioso fuego de las ametralladoras que disparaban desde la playa (las tropas bolcheviques acababan de tomar el puerto), mi familia y yo zarpamos rumbo a Constantinopla y el Pireo en un pequeño y espantoso barco griego, el Nadezhda (Esperanza), cargado de frutos secos. Recuerdo que, mientras zigzagueábamos hacia el abra de la bahía, intenté concentrarme en una partida de ajedrez con mi padre —uno de los alfiles había perdido su cabeza, y una ficha de las que se usan para hacer apuestas en el póker ocupaba el lugar de una torre.

Luego de un complicado viaje en el que les niegan la entrada en Constantinopla, van a Grecia y abordan el Pannonia para desembarcar en Marsella el 23 de mayo. Ahí toman un tren a París y cuatro días después llegan a Southampton.

Nabokov se inscribe en el Trinity College donde es compañero de habitación de Mijail Kalashnikov, quien le pareció “vulgar y reaccionario”.

En el colegio inglés el escritor adquiere prestigio como… portero de futbol. Escribe en sus memorias:

En Rusia y en los países latinos, ese intrépido arte ha estado rodeado siempre de un aura de singular luminosidad. Distante, solitario, impasible, el portero famoso es perseguido por las calles por niños en éxtasis. Está a la misma altura que el torero y el as de la aviación en lo que se refiere a la emocionada adulación que suscita. Su jersey, su gorra de visera, sus rodilleras, los guantes que asoman por el bolsillo trasero de sus pantalones cortos, le colocan en un lugar aparte del resto del equipo. Es el águila solitaria, el hombre misterioso, el último defensor. Los fotógrafos, doblando reverentemente una rodilla, le sacan instantáneas cuando se lanza espectacularmente en plancha hacia un extremo de la meta para desviar con la punta de los dedos un disparo raso y veloz como un rayo, y el estadio entero ruge de aprobación mientras él permanece unos instantes tendido en el mismo lugar donde ha caído, intacta aún su portería.

En abril de 1920 la familia se instala en Berlín, pero el joven Nabokov sigue en Inglaterra con sus estudios.

Ahí también conoce a H. G. Wells, quien estuvo en Rusia en 1914 y había conocido la casa de los Nabokov en San Petersburgo. Wells había vuelto a la URSS en 1920 y regresó hablando maravillas del régimen bolchevique, lo que provocó una discusión muy agria con Nabokov, quien de todas maneras siguió considerando a Wells un buen “artesano de la narrativa”.

En Berlín, Nabokov padre funda la editorial Slovo y el periódico Rui’ y participa en todas las organizaciones no monárquicas ni bolcheviques en el exilio. La ciudad alemana era el centro de la emigración rusa y hacia 1924 había 86 editoriales rusas, algunas de ellas “oficiales” o soviéticas, pues Gorki había convencido a Lenin de enviar editores a la capital alemana para conseguir ediciones baratas ante la escasez de tinta y papel en la URSS. En esa época casi todos los escritores rusos, exiliados o no, estuvieron en Berlín.

Pero el 28 de marzo de 1922, en una conferencia de Paul Miliukov —ex ministro de asuntos exteriores del gobierno ruso derrocado por los bolcheviques— organizada por Nabokov padre, ocurre la tragedia.

Entre el público asistente había varios rusos monárquicos, uno de los cuales balea al conferencista. Nabokov intenta desarmarlo pero un segundo tirador le dispara en tres ocasiones provocándole la muerte. Hubo siete personas heridas en ese atentado.

Tal vez fue en ese momento cuando Vladimir supo que volvería a Inglaterra para convertirse en un “escritor ruso”. Lo cierto es que empieza a firmar con el pseudónimo de Vladimir Sirin.

En 1971 Alfred Appel le preguntó por qué eligió ese pseudónimo: “En los tiempos modernos, sirin es uno de los nombres rusos de la lechuza nívea, terror de los roedores de la tundra, y se aplica también al hermoso autillo, pero en la antigua mitología rusa es una ave multicolor, con rostro y busto de mujer, sin duda idéntica a la ‘sirena’, deidad griega, transportadora de almas y tentadora de marinos”.

El 20 de abril de 1923 apareció en Rui’ el primer problema ajedrecístico de Sirin.

A lo largo de mis veinte años de exilio —recuerda en Habla, memoria— dediqué una prodigiosa cantidad de tiempo a la composición de problemas de ajedrez. Se fija en el tablero cierta disposición, y el problema a resolver consiste en averiguar cómo hacerles mate a las negras en un número determinado de movimientos, por lo general dos o tres. Es un arte bello, complejo y estéril que sólo está relacionado con la forma corriente de este juego en la misma medida en que, por ejemplo, tanto el malabarista que inventa un nuevo número como el tenista que gana un torneo sacan provecho de las propiedades de las esferas […]

La invención de estas composiciones ajedrecísticas requiere una inspiración casi musical, casi poética, o, para ser absolutamente exacto, poético-matemática. Con frecuencia, en el amistoso mediodía, en los márgenes de alguna ocupación trivial, en la ociosa estela de un pensamiento pasajero, sentía, sin previo aviso, una punzada de placer mental al notar que se abría en mi cerebro con un estallido la yema de un problema de ajedrez, prometiéndome así una noche de trabajo y felicidad.

Nabokov repasa las escuelas en el arte de los problemas ajedrecísticos: la angloamericana, con construcciones precisas y deslumbrantes patrones temáticos; la escuela alemana, de escabroso esplendor; los productos muy acabados pero desagradablemente hábiles e insípidos del estilo checo; están también los viejos estudios rusos sobre finales, que alcanzan las centelleantes cumbres del arte, y el mecánico problema soviético de entrenamiento.

“En ajedrez —explica—, los temas son dispositivos tales como el de la celada, la retirada, la inmovilización, etc.; pero sólo cuando se combinan de una forma determinada llega a resultar satisfactorio un problema. El engaño, hasta sus extremos más diabólicos, y la originalidad, llevada a lo grotesco, eran las bases de mi estrategia”.

También en Rui’ publica tres sonetos sobre el juego (en la web se puede encontrar una traducción al inglés de Bill Wall)

En el periódico conoce a la traductora Vera Slónim. Se hubieron podido conocer mucho antes, en San Petersburgo, pues se habían visto en las oficinas de la editorial Orbis, propiedad del padre de ella en la que se traducían clásicos rusos al inglés para el mercado estadounidense.

Hija de padres judíos, Slónim era una mujer resuelta e independiente. Ella y su familia habían logrado salir de Rusia casi por milagro.

Se casarían el 15 de abril de 1925 en Berlín. Durante casi todo su matrimonio durmieron en habitaciones separadas. El insomnio de Nabokov lo convertía en “un durmiente solitario por principio e inclinación”, y a menudo permanecía levantado toda la noche, fumando y escribiendo.

Vera sería su esposa, musa y lectora; secretaria, mecanógrafa, editora, correctora de pruebas, traductora y bibliógrafa; su agente, administradora, asesora jurídica y chofer; su ayudante en la preparación de libros y en la enseñanza y su suplente en la cátedra. Pero nunca, afirma ella, su modelo. Nabokov siempre “tuvo el buen gusto de no meterme en su libros”.

Pero si en abril de 1923 Rui’ costaba 10 mil marcos, en diciembre costaba millones. Todo en Berlín se tambaleaba, y la industria editorial rusa no era la excepción. Nabokov sobrevive ejerciendo todas sus habilidades: escribiendo obras de cabaret e incursionando en el cine como guionista y extra, componiendo problemas de ajedrez y crucigramas y dando clases particulares de tenis y boxeo.

Tres años más tarde, en abril de 1926, es uno de los 40 jugadores que enfrentan a Aaron Nimzowich —fundador de la escuela hipermoderna de ajedrez— en una exhibición de simultáneas en el Equitable Café; aunque dice que tenía una buena posición perdió la partida. Una semana después también perdería contra el futuro campeón mundial Alexander Alekhine, de quien era un fiel seguidor, y como él, un exiliado ruso.

Semanas después no perdía detalle del match de Alekhine-Capablanca, el más largo de la historia del juego hasta la muerte de Nabokov, pues luego sería superado por el campeonato en 1985 entre Karpov y Kasparov. En el match de 1927 Alekhine resultó triunfador.

Por esas fechas escribió el poema “El caballo de ajedrez”, claro precursor de La defensa y luego una entusiasta reseña de Capablanca and Alekhine, de Znosko-Borovski, en la que destaca la distinción que hace el autor entre el juego de ajedrez “en el espacio y en el tiempo”, su insistencia en la artería del juego de Capablanca y en el don especial para la combinación en el de Alekhine.

Mary y Rey, dama, valet, sus dos primeras novelas, empezaron a generar ingresos, pues algunos diarios alemanes compraban los derechos de las narraciones para publicarlas por entregas. Con ello, además de pagar deudas, el escritor se pudo financiar una expedición para cazar mariposas en Francia, en febrero de 1929.

Durante ese viaje empezó a escribir su siguiente novela: Zashita Lúzhina (La defensa). Aunque ya tenía una idea previa, en ese viaje a Francia decidió “fundir un tipo diferente de inversión de su infancia con la idea del genio loco del ajedrez que aparece en su poema ‘El caballo de ajedrez’”.

“Recuerdo con especial nitidez —escribe a su madre— una gran roca inclinada entre colinas cubierta por encinas y acebos, donde tuve la primera inspiración”. Y pocos meses después: “Estoy terminando, terminando… en tres o cuatro días pondré el punto final. Después de eso pasaré mucho tiempo sin bregar con temas tan monstruosamente difíciles, sino que escribiré algo tranquilo, que fluya sin contratiempos. A pesar de todo, estoy contento con mi Luzhin, pero ¡qué cosa más complicada!” Vera, por su parte, escribió a su suegra: “La literatura rusa no ha visto nada parecido.”

La novela apareció en la revista Sovremennye Zapiski (Anales Contemporáneos) en tres entregas durante 1929 y ha merecido muchísimos comentarios materializados en montones de kilos de papel.

Y de Alexander Ivánovich Luzhin, su protagonista, ¿qué no se ha dicho?

No es un niño, no es un adulto y no puede existir sin el ajedrez. El personaje está basado en Curt von Bardeleben, un ajedrecista, a quien Nabokov conoció, que se suicidó saltando desde una ventana en Berlín el 31 de enero de 1924.

Luzhin es incapaz de afrontar la vida o al resto de la gente, parece no ser humano pero por eso tanto más humano. Nos reconocemos en él de alguna manera: resume toda nuestra vulnerabilidad. Extraño, hosco, torpe, con un interés superficial por las cosas de su mundo, Luzhin es totalmente verosímil, calculando una variante, o respondiendo a la pregunta que le hace su futura esposa, que quiere saber cuánto tiempo lleva jugando ajedrez.

Él no le respondió, sino que le dio la espalda, y ella se sintió tan confundida que comenzó a recitar la lista de predicciones meteorológicas para el día anterior, aquél y el siguiente. Él continuó en silencio, y ella calló también; luego comenzó a registrar su bolso, buscando con desesperación un tema de conversación y sólo encontró un peine roto, pero de repente Luzhin se volvió hacia ella y le dijo:

—Dieciocho años, tres meses y cuatro días.

Durante su vida en Estados Unidos Nabokov recapituló sobre esta novela y aseguraba que se sentía como Adolf Anderssen y su sacrificio de ambas torres a favor del desdichado y noble Kieseritzky, “quien se ve obligado a aceptarlo una y otra vez en las páginas de una infinidad de manuales, con un signo de interrogación como monumento”. (Ese signo tipográfico a continuación de un movimiento de ajedrez significa que ha sido un mala jugada.)

Recordaba también que a finales de la década de los treinta un editor estadounidense mostró interés por La defensa, pero resultó “pertenecer a esa clase de editores que desean convertirse en la musa masculina del autor, y nuestra breve relación terminó abruptamente cuando me sugirió que sustituyera el ajedrez por la música y convirtiera a Luzhin en un violinista demente”.

Y por supuesto tenía que responder a las frecuentes preguntas acerca de qué tanto de él había en Luzhin: “He cedido a Luzhin mi institutriz francesa, mi ajedrez de bolsillo, mi carácter dulce y el hueso de un melocotón que tomé de mi propio huerto.”

La traducción al inglés aparecería en septiembre de 1964. John Updike escribió en The New Republic: “Sin duda… el mejor escritor de prosa inglesa de nacionalidad americana… Escribe prosa de la única manera en que debería escribirse, es decir, con gran entusiasmo. Por la intensidad de su inteligencia y su reflexiva ironía, la narrativa de Nabokov es única en esta década, y con escasos precedentes en la literatura norteamericana”.

La edición española se publicó en Barcelona en 1990, traducida por Sergio Pitol para Anagrama, y en 2001 se estrenó la cinta La defensa de Luzhin, con John Turturro y Emily Watson en los estelares, dirigidos por Marleen Gorris, quien contó con la asesoría del GM inglés Jonathan Speelman.

En el filme, a diferencia de la novela, durante la partida decisiva en el match Luzhin-Turati por el campeonato mundial, aparece la siguiente posición, que fue preparada por Speelman.

En esta posición Luzhin, con negras, hace un elegante movimiento: 40…Cxf4! 41.exf4? (2.Cd1 es mejor). Turati parece no advertir el peligro.

La partida es pospuesta en el movimiento 40 como se estilaba en la época, cuando las computadoras sólo eran ciencia ficción. Y entonces todo sucede: Luzhin es secuestrado, y en su encierro encuentra la secuencia ganadora de la partida. Es liberado pero sufre una crisis nerviosa y se suicida. Su mujer encuentra una nota entre sus ropas con la continuación de la partida y le suplica a Turati que le permita confirmar dicha secuencia.

41…Te3+ 42. Rg4. (después de 42.Rf2 Txc3+ 43. Re1 Txc1+ las negras están mucho mejor). 42…f5+ 43. Rg5 Rg7! 44.Cd5 Th3!! (44…Txe2? 45.Txc5 Txg2+ 46. Rh4 ganan las blancas) 45. gxh3 h6+ 46. Rh4 Af2#.

La defensa apareció el año en que Hitler ya se perfilaba como un personaje muy importante de la política alemana. Pero pese a la agitación callejera y al ascenso del nazismo los Nabokov permanecerían en Berlín hasta 1936, para luego salir a Francia.

Durante esos años la situación económica se torna angustiosa, y busca empleo en cualquier país de habla inglesa para dar clases de literatura rusa. Le escribe a Mijaíl Rostóvtzeff, arqueólogo de Yale: “Mi situación se ha hecho tan difícil que tengo que buscar cualquier clase de trabajo. Mis ingresos literarios son minúsculos: no podría vivir de ellos aunque estuviese solo, pero tengo esposa e hijo, por no hablar del desdichado estado material de mi madre y, de hecho, de toda la familia. En pocas palabras… mi situación es desesperada”.

También le escribió al periodista Lolly Lvov hablándole de su “horrible indigencia”. Sus gritos de auxilio llegaron a Serguei Rajmaninov, quien, aunque nunca había visto a Nabokov, era un lector ferviente de la obra de Sirin desde hacía tiempo y le envió un giro de 2 500 francos.

En 1938 terminó La dádiva, en la que uno de los personajes asevera:

[L]os concienzudos ejercicios [ajedrecísticos] de los jóvenes autores soviéticos no eran tanto “problemas” como “tareas”: trataban exhaustivamente éste o aquel tema mecánico (especie de “clavar” o “desclavar”) sin el menor indicio de poesía; eran tiras cómicas de ajedrez, nada más; y las piezas avanzando a empellones, realizaban su torpe trabajo con seriedad proletaria y se conciliaban con la presencia de soluciones dobles en las insulsas variantes y con aglomeración de peones policía.

Por fin, en octubre de 1939 es aceptado en la Universidad de Stanford. Pero aún faltaban algunos insoportables meses de trámites burocráticos ante las autoridades francesas, que ocupó en algo más agradable: componer un problema de ajedrez “totalmente nuevo”. Quería idear un problema fácil para el aficionado, pero que indujera a un experto a sospechar que la solución era más compleja de lo que parecía y que sólo accedería a ella luego de los “deliciosos tormentos” de perseguir un espejismo.

Llevaba meses intentando componer ese problema. Llegó una noche en que al fin logré expresar el tema en particular. Estaba pensado para la delectación del más experto problemista. Los novatos podrían no advertir en absoluto el meollo del problema y descubrir su solución “tética” bastante simple sin haber tenido que navegar por los tormentos placenteros preparados para el experto. Éste empezaría por engañarse con un patrón ilusorio de juego basado en un tema de moda (exponer el rey blanco a jaques), que el compositor se ha esmerado en “plantar” (con sólo una oscura y pequeña jugada de un discreto peón para atacarlo). Tras haber pasado por este “antitético” infierno el ahora experto problemista alcanzaría el sencillo movimiento clave (Ac2) y como quien persigue una quimera podría ir de Albany a Nueva York por la vía de Vancouver, Eurasia y las Azores. La placentera experiencia de la ruta indirecta (paisajes extraños, gongs, tigres, costumbres exóticas, los recién casados que dan tres vueltas al fuego sagrado de un brasero de barro) recompensaría con creces el sufrimiento del engaño y, después, su llegada al sencillo movimiento clave le aportaría una síntesis de conmovedor deleite artístico. Recuerdo cómo lentamente desperté de un estado inconsciente de honda concentración en el ajedrez y frente a mí, en el gran tablero inglés de reluciente piel amarilla y escarlata, estaba finalmente la posición inmaculada, como una constelación recién formada. Funcionó. Estaba vivo.

Juegan blancas y dan mate en dos movimientos. La pista falsa, la “probatura” irresistible es: peón a b8, donde se convierte en caballo, y a continuación tres bellos mates en respuesta a los jaques declarados por las negras. Pero éstas pueden frustrar toda esta brillante operación renunciando a hacer jaque a las blancas y llevando a cabo en su lugar un modesto movimiento dilatorio en otra zona del tablero.

1. b8C. Si 1… d6+ 2. Cd7#; 1… exd6+ 2. Cf7#; 1… d5+ 2. Dc7#; Rd6 2. Dc5#, y si 1…Cxf4 2. Dd4#.

Pero si las negras mueven, por ejemplo, 1… c2 todas las maniobras anteriores se quedan en quimeras. Por ello la solución es 1. Ac2! Y las negras están perdidas. Si 1… Rd6 2. Dc5#; 1…d6 2. Tf5#; 1…dxe6 2. Dc5#; 1…d5 2. Dc7#; 1…Cc1 2. Dd4#, y si 1…Cd4 2. Dxd4#.

En mayo de 1940 la familia obtuvo el salvoconducto para abandonar Francia. El escritor recuerda con placer aquella mañana cuando de la mano de Vera y de su hijo abordaban el buque Champlain que los llevaría a Estados Unidos. El barco sería hundido por los submarinos alemanes en su siguiente viaje al continente americano.

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