Reflexiones sobre las mujeres y el ajedrez en México

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Hace muchos años, el excampeón del mundo, el Dr. Max Euwe, dijo que en su opinión, las mujeres podrían llegar a jugar bien al ajedrez… pero ¡en unos 100 años! No sé si la cita es cierta pero en cualquier caso el juego ciencia siempre se ha considerado una tarea para los hombres. Reuben Fine, uno de los mejores jugadores del mundo, que dejara las artes del tablero escaqueado para dedicarse a la psiquiatría, dijo que a la mujer le faltaba esa violencia del hombre, el odio al padre, etcétera, y que eso era parte de las razones por las cuales las mujeres no jugaban bien al ajedrez. Por otra parte, una campeona nacional española rebatía algunas ideas expresadas por Karpov respondiéndole que si él tuviese que parir, amamantar y criar a los hijos, probablemente no hubiese podido llegar a ser campeón mundial.

Y por años se habló que las mujeres no tenían ese “algo” para jugar bien al ajedrez. Por ejemplo, en los años 30s del siglo pasado, probablemente la mejor jugadora del mundo fue Vera Menchik, pero claramente no competía contra los hombres en su momento, aunque jugó torneos fuertes contra jugadores de la talla de Nimzowitsch -entre otros. Tuvieron que llegar las niñas Polgar a desmitificar esto y finalmente parece ser que las mujeres no es que no tengan la capacidad para jugar al ajedrez. Más bien son las condiciones sociales que en muchos casos no las animan a competir. Judit Polgar estuvo en su mejor momento entre los diez jugadores (hombres) más fuertes del mundo y en el 2005 jugó incluso la final del campeonato mundial, en San Luis, Argentina. Sus hermanas ganaron torneos importantes y Szusza Polgar (Susan, ya occidentalizado), se convirtió en una de las primeras grandes maestras entre los hombres, además de convertirse en campeona mundial femenil en algún momento, venciendo a una china. Sofía Polgar ganó un torneo impresionante en Italia con un desempeño gigantesco, entre muchas otras hazañas del tablero. Ahora Hou Yifan, la campeona mundial, juega con los hombres al tú por tú y tiene un rating que se acerca a los 2700 puntos. Vamos, que del mito de que las mujeres no pueden jugar al ajedrez queda poco.

Cabe decir que Nigel Short declaró hace poco que el hecho de que las mujeres de todas maneras jueguen peor que los hombres se deben a factores genéticos. Y aunque los argumentos del británico tienen sentido, las feministas se le echaron encima. Para colmo, Short perdió contra una maestra de la India en un torneo abierto, poco después de sus declaraciones.

Pero si hablo de esto es porque terminó la Copa Independencia de la Ciudad de México, promovida por el entusiasta Armando Sánchez, quien tiró la casa por la ventana e hizo dos torneos cerrados, uno para norma de Gran Maestro y otro para norma de Maestro Internacional, además de torneos de avanzados, intermedios, femenil, infantiles, etcétera. En estos torneos cerrados, en particular en el grupo B (para norma de MI), jugó la MI rumana Alina L’Ami, conocida en el ambiente además por sus publicaciones y reportajes ilustrados en el sitio de Chessbase. El rating de la maestra rumana es de 2322 y solamente el MI mexicano, Oscar Sánchez, le sobrepasaba, con 2350.

El torneo, como puede verse en la tabla de abajo, lo ganó Alina, con un punto de ventaja sobre sus perseguidores. Sergio Morales quizás es la mejor sorpresa mexicana -relativamente- pues quedó segundo (y fue el año pasado Campeón Absoluto de este país). Sergio parece ha estado trabajando con constancia y he aquí los resultados, incluso ganándole en la partida individual a Alina. Oscar Sánchez quedó empatado en segundo puesto con Sergio pero perdió con Alina.

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En resumen, los mexicanos rindieron honores a la maestra rumana. El torneo no era particularmente (2286 de rating promedio), pero claramente se observa que Alina es una profesional del ajedrez y trabaja (junto con su marido, GM holandés), muy fuertemente. He aquí la razón del resultado. Cabe decir que los mexicanos -en general- tienen otras actividades además del ajedrez. No se pueden dedicar profesionalmente en este país nuestro porque no hay manera de hacerlo en general. Y por ello, los resultados hablan del trabajo que se está haciendo pero que se desarrolla a paso cansino ante la falta de apoyo y motivación.

Por otra parte, se hizo un torneo abierto de jugadores “avanzados”, cuya única restricción es que jugadores con más de 2200 puntos no podían jugar. Y aquí, ganó la ahora flamante Maestra Internacional Femenil (le acaba la FIDE de dar su título), Ana Flavia Roca Rojas, que venció a los siguientes jugadores, todos mexicanos. Roberto Carlos Arriaga empató el primer sitio con la cubana de todas maneras, aunque en el desempate quedó ligeramente peor. De nuevo, estamos ante una jugadora que tiene motivación, que vive en un país como Cuba en donde se apoya el juego ciencia. Una vez más el resultado es evidente.

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(solamente se muestra un fragmento de la tabla, hubo unos 100 jugadores)

Pero más allá de estos avatares de los torneos de ajedrez, es evidente que tenemos que hacer más para promover que los ajedrecistas mexicanos puedan jugar mejor, que tengan más oportunidades de foguearse en otros países. Yo creo que hay opciones interesantes, por ejemplo, la cercanía con Cuba. Bien podría hacerse un intercambio, o traer a algunos grandes maestros y maestros internacionales a que vengan por 15 días, jueguen algún torneo de round robin y entonces los ajedrecistas mexicanos jóvenes tengan más chance de trabajar en su ajedrez y ver la verdadera oposición.

Por ejemplo, Cuba organiza el Capablanca in memoriam, a mediados del año. ¿Por qué no preparar a un contingente de jugadores trayendo a un par de GMs como bien pueden ser Reynaldo Vera, por ejemplo, o alguno de los tantos jugadores fuertes que hay en la isla caribeña y hacer un plan de trabajo?

Los resultados de la Copa Independencia habla por una parte, del absoluto derrocamiento del mito de que las mujeres no pueden jugar bien al ajedrez y además, de que estamos rezagándonos peligrosamente porque no se están formando nuevos grandes maestros. Los que tenemos son producto de sus esfuerzos por demás personales. Hay que hacer algo porque en caso contrario terminaremos como un paisito sin ningunas posibilidades en este durísimo mundo de la competencia ajedrecística.

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