El ajedrez moderno

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En los años 70s del siglo pasado el ajedrez era un juego muy distinto al que hoy vemos. Bobby Fischer, por ejemplo, en 1972, enfrentó a Campeón del Mundo, Boris Spassky, de la ex-Unión Soviética, y demostró el norteamericano ser mejor que el campeón en turno, logrando arrebatarle el título mundial. Esto, para la Unión Soviética fue casi una afrenta internacional. ¿Cómo era posible que un “yanqui”, de un ambiente capitalista, derrotara al esfuerzo comunitario que depositaron en Spassky en su momento? ¿Qué pasó con la Escuela Soviética? ¿Cómo el esfuerzo de un solo individuo pudo contra esta maquinaria ajedrecística de la entonces URSS?

Fischer demostró en su momento que unos 20 años de esfuerzo constante, de día y noche, de obsesión para el ajedrez, habían hecho su tarea y entonces probó que el nivel del nuevo campeón sobrepasaba por más de 100 puntos en el ranking al segundo jugador del planeta en ese entonces, Boris Spassky.

Se dice que Bobby Fischer tenía un régimen de estudio digno de un asceta. Se levantaba tarde, a eso de las 3 de la tarde. Comía y poco después empezaba su trabajo en ajedrez. Se encerraba en su cuarto de hotel y sólo se oía por horas cómo las piezas se ponían en el tablero. Esta rutina podía durar muchas horas y seguía hasta las 3 o 4 de la mañana, dicen. Desde luego hacía alguna pausa para cenar pero seguía estudiando incansablemente.

El ajedrez de esos años se difundía mediante libros y revistas. No había Internet, computadoras caseras, discos compactos con información, videos especializados sobre la teoría de aperturas y vamos, ni siquiera había una tienda como Amazon para poder comprar los libros o revistas que nos interesaran. Por ejemplo, en una ocasión con un grupo de buenos amigos ajedrecistas ganamos el primer lugar de un torneo por equipos. El premio se dividió entre los cuatro o cinco jugadores y con ese dinero me compré una suscripción a la revista rusa “64”. Desde el pago hasta que me empezó a llegar la revista habrán pasado unos tres o cuatro meses. Este panorama era relativamente común. Si salía un libro en inglés que me interesara, tenía que irme a la “American Book Store”, que estaba en el centro del Distrito Federal y comprarlo a unos sobreprecios espantosos, considerando además que era estudiante y no trabajaba más que eventualmente.

Veamos ahora le panorama actual: hay empresas que generan monografías, analizadas por grandes maestros y que cuestan unos 30 o 40 dólares. Hay mucha información disponible en la red. Hay un buen número de libros digitalizados y si uno se empeña incluso puede uno hallarlos de forma “pirata”. Hay sistemas de bases de datos, con todas las partidas del ajedrez que la historia registra más los encuentros que se generan todos los días. Hay discos compactos con todos los finales de partida de hasta siete piezas que juegan perfectamente cada posición. Hay motores de ajedrez y programas que juegan como el mejor de los grandes maestros. Éste es el escenario que hoy viven los ajedrecistas que buscan progresar en el juego ciencia.

Por ello el ajedrez se ha vuelto mucho más complejo. Hoy los ajedrecistas basan mucho de su éxito en un análisis profundo de las posiciones, de calcular con una precisión asombrosa seis o siete jugadas adelante casi contínuamente, de trabajar sobre cada fase de la partida con un bagaje de información por demás abrumadora. Hay entrenadores especializados y por ello, combinaciones que nos sorprendían de los viejos maestros del pasado son ahora en muchos sentidos rutinarias.

Desde luego no todo es mecanizable y el ajedrez todavía está lejos de ser dominado. Lo que sí está claro es que se sabe mucho más de nuestro juego y se tienen más procedimientos para el ataque y la defensa. Nuestro juego parece inagotable pero la especialización actual hace que muchos jugadores lleguen a niveles extraordinarios, lo cual se traduce en el ajedrez actual que vemos.

Hoy en día no son las cosas como en los años de Fischer, pero claramente toda esta información nos ha hecho entender y valorar lo maravilloso y enriquecedor que es nuestro juego ciencia. Y en ese sentido me hace feliz haber podido vivir en estos tiempos tan interesantes.

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