64 grandes juegos de ajedrez postal, por Tim Harding

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Una de las modalidades más interesantes del ajedrez es el que se puede jugar por correo.  En realidad, debido a la tecnología esto se ha convertido por una parte en obsoleto y ahora existen servidores en donde se alimentan las partidas que los ajedrecistas juegan vía Internet. El mecanismo funciona así: un jugador de ajedrez “postal” (cibernético), tiene que jugar un torneo de unas 12 partidas simultáneamente. Cuando lleva las piezas blancas hace su jugada en cada partida y cuando le toca negras, espera que el rival haga su movimiento. Cuando esto ocurre, los jugadores son avisados vía correo electrónico, indicándoseles que ya algún rival ha hecho alguna jugada en su partida contra nuestro jugador. Éste entonces entra a un servidor, ve la posición y hace su jugada. La máquina registra los tiempos y las fechas. Cada jugador tiene tres días para hacer una jugada. El tiempo es acumulable, es decir, puede hacer una jugada en un solo día y se le acumulan dos días a su tiempo, por así decirlo.

El ajedrez postal es cada vez más difícil porque ahora hay programas de ajedrez que juegan extraordinariamente bien. Por ello, jugadores como el GM (frente al tablero y de ajedrez postal), Jonathan Penrose, que le ganó a Tal en la Olimpiada de Leipzig 1960, decidieron abandonar la modalidad postal porque los motores de ajedrez computarizados ya juegan mejor que el 99% de los jugadores y entonces, uno se convierte en mero mensajero de la jugada que dice el programa. Digamos que uno ya confía demasiado en los juicios de la máquina y por ende, se pierde el chiste de jugar en esta modalidad.

Sin embargo, hay grandes batallas a pesar de todos estos inconvenientes. Tim Harding decidió escribir un libro que llamó “64 Great Chess Games”, Ed. Chess Mail Ltd. (2002) y pone 64 joyas ajedrecísticas (una por cada casilla del tablero) en donde las combinaciones apenas se definen unas diez jugadas después de realizarlas. Hoy en día la teoría de las aperturas es fundamental para los mejores jugadores de ajedrez postal, por lo que sacar ventaja en esa parte de la partida es casi imposible. Pero como dijo Tarrasch: “Los dioses pusieron el medio juego”, y ahí es donde el ajedrez es tierra de nadie.

En el libro de Harding los juegos están catalogados cronológicamente (a excepción del primero), empezando por el año 1872 y terminando en el 2002. Esto permite ver los avances en algunas líneas, debido al conocimiento que se va adquiriendo sobre el propio ajedrez. La selección de partidas es francamente estupenda y muestra desde fabulosos ataques hasta finales de perfección que se antoja matemática. Si a esto le añadimos que los comentarios del autor son muy ilustrativos, pues tenemos un libro ganador, que nos permite finalmente gozar de estas partidas que tienen muchas más horas de estudio y análisis que cualquier partida de un torneo en vivo. Cabe decir que el autor jamás asume el nivel de ajedrez del autor, por lo que el libro lo pueden disfrutar ajedrecistas de todos los niveles.

La calidad de las partidas es tal que no se puede uno decidir por una en particular. Desde la “inmortal sueca del ajedrez postal” hasta la partida -quizás la más famosa- entre Estrin contra Berliner (ambos fueron campeones mundiales de ajedrez postal en su momento), la cual se analiza profusamente. El sacrificio de Berliner es checado con Deep Fritz que de alguna manera aumenta la capacidad intuitiva humana, pues este sacrificio es increíble. Finalmente tenemos la partida entre Kasparov vs Resto del Mundo, (juagda por Internet y patrocinada por Microsoft en su momento), en donde el excampeón mundial indica que “es la partida más grande de la historia del ajedrez” (Kasparov es muy dado a estos comentarios, ligeramente exagerados en mi opinión).

El trabajo de Harding es notable. Hay una interesante discusión sobre el gambito Marshall de la Ruy López en donde se mejora incluso un análisis de John Nunn. O bien, la partida en donde se da la variante Nimzowitsch en el contragambito Falkbeer, el cual demuestra un agujero en los análisis del GM inglés Gallagher. Si en cambio, quiere ver el lado humano de ajedrez postal, vea la partida Morgado – Estrin, del décimo campeonato mundial de la especialidad. Quizás le interesa descubrir qué maestro internacional por correspondencia norteamericano siguió jugando sin interrupción una década después de su propia muerte.

Un libro estupendo. Muy recomendable.

“64 Great Chess Games”, Ed. Chess Mail Ltd. (2002), Tim Harding.

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