Amateur to IM, de Jonathan Hawkins

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El mundo de la literatura en ajedrez está inundado de títulos espectaculares como “Revolucione su ajedrez”, “Piense como un gran maestro”, “Cómo llegar a maestro de ajedrez” y uno de los últimos en este tenor: “De amateur a Maestro Internacional”. La clave es quizás la leyenda que aparece en la portada del libro: “Elevándose en el rating del ajedrez en la compañía de un maestro internacional que se hizo por sí mismo” (la traducción es mía). Pero hay otra leyenda más en la misma portada: “Ideas demostradas y métodos de entrenamiento”. La contraportada muestra al MI Hawkins en una foto como si fuese el “pensador” de Rodin. El punto es que este libro parece tener todas las respuestas a la eterna interrogante de ¿cómo llegar a un título de ajedrez si soy un simple aficionado?

De acuerdo a Hawkins: “El secreto es conocer qué estudiar y cómo aprender de la forma más eficiente posible. Enfocando la atención firmemente en el final”, y partiendo de ahí el autor da una serie de ladrillos, de bloques para construir las áreas importantes a estudiar. El resultado de este trabajo le dio una meteórica carrera y pronto se estableció como un prominente jugador, casi en el límite del nivel de gran maestro en el circuito británico de ajedrez.

Hawkins dice que “estas páginas revelan el secreto de sus cuadernos por primera vez”. El MI Hawkins presenta material especial para convertir al lector en un mejor jugador práctico, una vez que se le han dado los elementos para entender profundamente los aspectos claves del ajedrez. Hawkins insiste que “un cuidadoso estudio de las lecciones presentadas en este libro podría permitir que el estudiante de ajedrez ganara una mejoría en su nivel que fuese significativo”.

Pero más allá de las palabras, ¿puede ser esto cierto? ¿No es demasiado pretencioso? Por ejemplo, el GM Yermolinsky dice de su libro “El camino al mejoramiento en su ajedrez”: “tiendo a ser escéptico acerca del futuro de mi libro”, indicando de alguna manera que quizás hay algo que escapa a estas promesas de jugar mejor prontamente. Por su parte el GM Jonathan Rowson, en su “Ajedrez para Cebras”, dice que en su opinión, mejorar en ajedrez ya está vetado en términos reales a los que ya son adultos. Y añade el británico: “Muchos jugadores ‘trabajan’ en su ajedrez como si trabajaran en un tema académico, pero mejorar en ajedrez tiene más que ver con mejorar por ejemplo, su forma de conducir un auto, o el tocar mejor un instrumento musical”. Vamos, Rowson sugiere -y tiene sentido- que el ajedrez es más bien un oficio, y éste se mejora practicándolo.

En el libro: “Mueva primera, piense después”, del MI Hendricks (que además tiene un grado en filosofía), dice que todas esas fórmulas para hallar las jugadas candidatas, el checar que no se comenten errores graves al decidir las jugadas, los proverbios sobre cómo jugar bien, que tienen quizás más de 100 años de existencia, todo ello no es más que un fenómeno atribuible a algunos entrenadores y escritores de libros de ajedrez, que dan consejos escritos y que estos pueden aplicarse muchas veces sólo a los ejemplos que ponen en sus respectivas obras.

De hecho, muchos autores de ajedrez creen tener la “fórmula mágica” para progresar, y Hawkins parece ser uno más. De hecho, el libro en realidad es una especie de manual de finales de partida. De las 370 páginas, 200 son una exposición a los finales de reyes y peones, hablando de temas como zugzwang, casillas críticas, casillas conjugadas, oposición, etcétera. Incluye ejemplos típicos de finales de torres y nos muestra una vez más la posición Lucena o los métodos hallados por Philidor para defenderse en algunos finales de torre. Habla de finales de alfiles del mismo color y de diferente color. Para colmo, el material no es exhaustivo y probablemente esto se deba a la cantidad generosa de diagramas que ilustran el libro.

Las 170 páginas restantes (excluyendo las conclusiones, las soluciones a los ejercicios y la bibliografía), son análisis de Hawkins de finales complejos. Esto es, son unas 120 páginas en donde el autor analiza posiciones y finales complicados en muchos sentidos. Tal vez sean buenos ejercicios pero ¿dónde quedó la promesa ofrecida en el título del libro?

Y tal vez aquí tengamos que hacer una pausa y preguntarnos si todos estos finales son la clave para llegar a mejorar en ajedrez. Hawkins dice que sí y de hecho, aunque no lo cita formalmente, parece decirnos: “Si estudias aperturas, aprenderás aperturas. Si estudias finales, aprenderás ajedrez”, que de nuevo cae en esta serie de bonitos aforismos que no necesariamente son ciertos. Sin embargo, Hawkins piensa que “debemos fortificar nuestro juego con un fundamento sólido y fuerte en finales. De otra manera estaremos echando a perder buenas posiciones (y puntos en el torneo). Esto es más o menos el enfoque que Capablanca tenía: “estudie finales antes que aperturas”, nos decía y agregaba: “la apertura y el medio juego deben estudiarse de acuerdo con los finales a los que se tiende llegar en esas posiciones”. Pero ya Lasker indicaba en su tiempo lo siguiente: “No se enamore de los finales excluyendo las otras fases del juego” y Janowsky, un maestro de menor nivel lo ponía de esta manera: “Detesto el final. Una buena partida debe decidirse en el medio juego”.

Pero más allá de todo esto, ¿el libro de Hawkins, aunque sea de finales en su mayoría, es bueno? Probablemente le sirva a jugadores de segunda y tercera fuerza. Hay muchos ejemplos elementales y finales muy conocidos. Puede servir como referencia en algunas posiciones pero poco hay para jugadores más fuertes o que quieran tener una solidez en su nivel de maestros de ajedrez. Así pues, quizás para jugadores que van de 1200 a 2200 puntos de rating, el libro le pueda ser útil en general.

El punto finalmente es que en mi opinión, el libro no cumple con la idea prometida. No se puede llegar fácilmente a maestro internacional leyendo y estudiando este libro. Hay algo que escapa al autor y quizás no sea su error. Muchos libros reciben pomposos títulos, que vienen de los departamentos de mercadotecnia y no de la imaginación del autor.

Amateur to IM, de Jonathan Hawkins, Mongoose Press 2012, Figurine Algebraic Notation, 369pp. Unos 30 dólares.

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