Libros de ajedrez… lo bueno y lo malo

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La literatura que hay sobre el juego de ajedrez es enorme. Es probablemente el juego de mesa más estudiado de todos los tiempos y además, tal vez el único del que se lleva registro puntual de todas las partidas importantes (de torneo), que se han jugado en el planeta, quizás desde finales de los años 1800. Y no es para menos, el juego ciencia ha resultado ser demasiado complejo al rado tal, que la obsesión por develar sus secretos se ha convertido en el motivo de vida de muchas personas, que a la postre se han “titulado” como grandes maestros del tablero.

Los autores de libros de ajedrez, por siempre, han buscado dar un poco de luz a la enorme complejidad que el juego nos depara. Hay libros que hablan de aperturas, de medio juego, de finales, de historia del ajedrez, de problemas artísticos, sobre la vida y obra de grandes jugadores, etcétera. En esta enorme cantidad de volúmenes, ¿cuáles son los libros adecuados y cuáles no?

Como en todas las actividades del ser humano, en libros de ajedrez podemos encontrar de todo. Hay extraordinarios libros que han pasado a ser ya clásico, por ejemplo mencionaré uno: Mi Sistema, de Aaron Nimzowitsch, aunque cabe decir, que hay muchos más que bien merecen estar en una lista de honor. Igualmente, podemos catalogar de grandes obras la colección de partidas de los mejores jugadores del mundo, del pasado y del presente, evidentemente. Por ejemplo, tenemos tres tomos con las partidas de Alexander Alekhine, quien fuese campeón del mundo y además, admirado por muchísimos jugadores, incluso Garry Kasparov. También Botvinnik tiene un par de tomos con sus mejores partidas. El patriarca del ajedrez ruso era quizás un jugador que entendía perfectamente el sentido posicional de las partidas. Tiene unos modelos asombrosos de estilo posicional. Mijaíl Tal tiene también un libro con sus partidas, cuya mejor virtud es que está escrito como sí él fuese un periodista que se entrevista a sí mismo. Es una joya, pues Tal tenía un don extraordinario para las artes combinativas y sacaba brillanteces tácticas casi de donde no había nada que jugar.

Otros libros recomendados son los de Mark Dvoretsky, presumiblemente el mejor entrenador del mundo. Yo tengo casi todos sus libros, pero en ocasiones su estilo me parece pedante. Por ejemplo, Dvoretsky no llegó a ser gran maestro, sino que se quedó un paso atrás, como maestro internacional. Pues bien, frecuentemente nos recuerda este autor en sus libros que él podía haber llegado a gran maestro, pero que dejó el ajedrez competitivo por el ajedrez de entrenamiento. Y para rematarnos su reconocida capacidad, más de una vez pone ejemplos de sus propias partidas. Y eso finalmente no es malo, pues cualquier jugador tiene un conocimiento más íntimo de sus propios juegos, pero en Dvoretsky en ocasiones resulta pesado, fuera de lugar, pedante, aunque me repita.

Hoy en día un imperdible es Garry Kasparov con sus volúmenes de Mis Grandes Predecesores (cinco tomos) y ahora Kasparov on Kasparov, del cual ya han salido a la venta dos de sus tres tomos de su autobiografía. Es una historia fascinante la del “ogro de Baku”, pues muestra no solamente en sus partidas, sino en la narración de su vida, esa pasión que era difícil de contener en el tablero y en la vida misma. Kasparov es una leyenda viviente y no creo que haya habido otro campeón del mundo que haya escrito tanto y con tanta calidad, sobre el ajedrez. Es notable toda su producción.

Finalmente tenemos algunos libros que habría que pensar dos veces antes de adquirirlos. Me refiero a los libros de aperturas. Muchas veces los autores de estas obras nos muestran variantes de moda, posiciones que se están jugando mucho en el ajedrez magistral y en ocasiones copiamos estas aperturas queriendo jugar como los mejores exponentes del tablero. Sin embargo, al paso del tiempo, las opiniones sobre ciertas posiciones cambian, y la valoración que daba el autor de un libro sobre una variante en particular de pronto cambió radicalmente. Esto es natural que pase en los libros de apertura, pues tienen “fecha de caducidad” en este sentido, sin embargo, tienen la mayoría de ellos una virtud: jerarquizan y clasifican las variantes que se van a analizar y eso ayuda al estudioso del ajedrez. Tal vez con ayuda de esta clasificación y las enormes bases de datos de ajedrez (que contienen millones de partidas), se pueda estar actualizado en las aperturas y defensas que jugamos.

No está de más hablar de los discos con monografías de aperturas, de las empresas Chessbase y ChessAssistant. Ambos fabricantes –por unos 30 dólares– nos permiten hacernos de bases de datos especializadas sobre una variante en particular. Incluso en ocasiones podemos tener a grandes jugadores que nos explican a través del video, las variantes más interesantes.

El material de ajedrez es de verdad gigantesco, y gracias a la computadora se ha multiplicado más aún. Hay libros en formato PDF (gratuitos y de paga), en donde ya no se leen en papel, sino en tabletas o computadoras portátiles. Esto permite hacerse de mucha más información que jugadores como Fischer, en 1972, hubiese soñado. Hoy en día la explosión del conocimiento, en particular en lo que se refiere al ajedrez, es abrumadora, por lo que debemos ser muy selectivos, porque no hay vida que alcance para leer todo.

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