Endgame, de Frank Brady

Frank Brady es quizás a quien debería mencionársele como el biógrafo “oficial” de Bobby Fischer, si algo así puede existir. Brady es el autor del libro “Profile of a Prodigy”, en donde habla de la vida de Fischer antes de que éste llegara a ser Campeón del Mundo. Sin duda su relato claramente nos muestra quién era el norteamericano y cómo es la vida de un  jugador de alto desempeño, que luchó por muchos años para que el ajedrez tuviese el sitio que ahora más o menos parece ocupar.

Ahora con Endgame, que podría decirse que es la continuación de la vida de Fischer, después de que éste desapareciera de los tableros en 1972, en donde nos platica de un personaje problemático, incapaz de lidiar en muchos sentidos con las cuestiones sociales. En 1992, 20 años después de convertirse en campeón mundial, jugaría Bobby un match de revancha “por el título mundial”, con Spassky, con las reglas que no aceptaron los de la FIDE cuando el norteamericano tenía que defender su título ante el nuevo astro soviético, Anatoly Karpov. Y ahí empezó la problemática que lo convertiría en un perseguido de la justicia en los Estados Unidos, por jugar en un país que estaba bloqueado por Norteamérica. Escupió públicamente en la carta que le mandara el Departamento de Estado y jugó, retando la “autoridad” de su propio país.

Quizás este evento hubiese pasado relativamente desapercibido, pero Fischer en el 2001 hizo declaraciones lamentables sobre el atentado a las Torres Gemelas y probablemente esto reactivo su persecución. Finalmente fue arrestado en Japón y ante la posibilidad de ser enjuiciado en los Estados Unidos por desacato, Fischer logró la ayuda internacional y los islandeses lo hicieron ciudadano de ese país. Terminó sus días hace unos cinco años, a todo esto.

Fischer odiaba la los soviéticos pero no a los ajedrecistas soviéticos. De hecho, Spassky alguna vez dijo que Bobby Fischer era un ejemplo de la “escuela soviética”. Dentro del ajedrez el norteamericano era como pez en el agua. Era un mundo sin falsedades, en donde la verdad estaba en el tablero. Pero fuera del mismo, Fischer era en muchos sentidos antisocial. odiaba a los judíos, aunque él era judío. Tenía un cuadro de persecución que involucraba áreas fuera del ajedrez, como la medicina. Bobby estaba enfermo de los riñones y posiblemente hubiese vivido fácilmente hasta los 70 años con la ayuda de los tratamientos médicos, pero no siguió ninguno y finalmente fue la causa de su muerte. Quizás en esa paranoia no creía ni en los médicos.

El relato de Brady es admirable. No hace juicios de valor y pone las cosas tal y como fueron. Que cada lector decida quién fue Fischer, parece decirnos. Una de las biografías más importantes que sobre el gran Bobby Fischer se han hecho, que da luz sobre todos esos años en los que Fischer desapareció de los medios, así como su trágico final.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *