Bobby Fischer, The Career and Complete Games of the American World

Karsten Müller ha escrito una obra por demas exhaustiva sobre Bobby Fischer: el análisis de todas las partidas que han sido registradas del genio norteamericano. Quizás el autor busque cómo es que Bobby llegó a jugar tan bien y tal vez, analizando sus partidas, pueda hallar algún patrón de avance, de entendimiento. La tarea es sin duda inmensa.

Bobby Fischer tenía un espíritu de competencia y energía que lo hacían un rival difícil en todo momento. Su ajedrez sin compromisos se revela en cada encuentro. Desafortunadamente el gran campeón norteamericano no dejó más que unas 900 partidas de torneo como legado (y su único libro, Mis 60 Memorables Partidas). Pero más allá de eso no hay más.

Müller anota 736 partidas de torneos y matches, con análisis originales que combinan observaciones de décadas de literatura ajedrecística con las realidades del mundo moderno. Hay algunas fotos que incluso no habían sido publicadas antes, así como ensayos de Larry Evans y Andy Soltis, sobre la personalidad, vida y partidas del astro norteamericano.

Lo impresionante es quizás la conclusión de Karsten Müller. Llega a decir que Fischer fue consumido por el ajedrez a través de su vida, y su ratng en los años 1970/72 sobrepasó de forma extraordinaria a todos los demás jugadores de su época. Bobby estaba en su propia clase. Nadie estaba más alto que él. Cuando jugó contra Spassky, por el Campeonato Mundial, Bobby le llevaba 125 puntos de rating. Es una diferencia de ratings abismal.

El lector puede beneficiarse del trabajo de Müller pues éste hace consideraciones estratégicas y analiza el repertorio de aperturas del norteamericano Cabe decir que Bobby, desde sus inicios, tuvo un repertorio de aperturas por demás sólido: Ruy López con blancas, India de Rey con negras, Siciliana versus peón rey y la Sozin contra la siciliana del negro, entre otras. Es claro que el repertorio de Fischer evolucionó, pero prácticamente toda su carrera se mantuvo fiel a sus primeras aperturas y defensas.

Por otra parte, los expertos en ajedrez podrán disfrutar los comentarios de Müller, pues explica los puntos finos de las estrategias del campeón norteamericano. Con la ayuda de Evans, se puede tener un resumen de la vida de Bobby casi en forma de viñetas.

Por ejemplo, más de uno podría preguntarse ¿cómo se preparaba Fischer? He aquí lo que dice Müller en su introducción a la partida 152: “En algún momento, Fischer empezó a aprender ruso de forma que pudiese leer la literatura importante del juego en el idioma original. Frecuentemente tenía una pila de libros y revistas. Y esto pago sus dividendos”.

En este libro, que podría considerarse un clásico moderno del ajedrez, no hay discusión sobre la vida e ideas políticas de Fischer. Sólo hay ajedrez en todas sus facetas y eso es lo que finalmente debe importarnos. Bobby tuvo en muchos sentidos una vida muy compleja y difícil, empezando porque no supo quién era su padre biológico. Dentro del mundo del ajedrez era feliz. Fuera de él era como un pez fuera del agua. Por ello no era muy bien entendido su comportamiento. Quizás sólo Boris Spassky lo comprendía y tal vez por ello fueron grandes enemigos en el tablero y grandes amigos fuera de éste.

El libro de Karsten Müller es una importante contribución. Tiene estupendos análisis y a quien le interese la vida de Bobby Fischer, tendrá material de sobra para revivir las partidas del gran campeón mundial.

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