Más allá de la ilusión del ‘talento’ (I)

Jonathan Rowson, autor de “Ajedrez para Cebras” publicó un artículo sobre el talento, en la revista New in Chess, del cual paso a traducir lo más relevante:

Más allá de la ilusión del ‘talento’ (I)

Jonathan Rowson

En el verano del 2002, después de un largo día de análisis, estaba empezando a ver el filme Amadeus, el cual trata de la envidia asesina que Salieri tenía sobre Mozart. Yo estaba viendo la película solo en casa de Artur Jussupow, al sur de Alemania, donde me había quedado por una semana para mejorar mi habilidad en el cálculo. Mi agradable anfitrión había ido a una reunión de padres de familia en una escuela cercana y Amadeus era la única película en idioma inglés en la casa. Antes de salir, Artur hizo énfasis en queel tema de la película era la desigualdad en el talento, lo cual era muy importante para los jugadores de ajedrez.

Para aquellos que no han visto esta película, la trama concierne al competente compositor Antonio Salieri, a quien le consumía el resentimiento por la amplia capacidad y genio de Mozart, quien comparándola con su propia habilidad (de Salieri), le parecía mediocre. La historia está contada en retrospectiva por Salieri, desde un asilo para gente mentalmente enferma.

La historia Mozart/Salieri, aunque apócrifa, mos debe recordar a nosotros lo cuidadosos que debemos ser cuando nos comparamos con otros. Yo nunca he sentido envidia a tal grado de intensidad, pero conozco el sentimiento de entrar en contacto con alguien que hace lo que yo amo hacer, de manera más fácil y muchos órdenes de magnitud mejor que yo. Esto lo he sentido cuando he analizado conm Morizevich, Grischuk, Adams, Aronian y Carlsen, todos ellos parecen moverse entre las variantes con juicios precisos y sofisticados, así como decisiones efectivas, superiores, mejores. Así como en el caso de Salieri, me siento cerca de estos jugadores de elite para reconocer simplemente lo lejos que estoy de ellos.

Cuando pienso en estas experiencias, me recuerdo de unas líneas de la canción “The Whole of the Moon”, de los Waterboys:

I spoke about wings. You just flew. I wondered, I guess that I tried. You just knew.
(yo hablo de alas, tu simplemente vuelas. Me admiro. Adivino que intento. Tu simplemente sabes, [una traducción libre de mi parte])

Letra hermosa, y resonante de las ideas de que el talento no ha sido distribuido de manera pareja, pero hay argumentos en el uso de ‘simplemente’ en estas líneas que no han sido examinadas, similares a ‘él es simplemente un mejor jugador‘, ‘él es un jugador más talentoso‘. Nuestra tendencia para usar ‘simplemente’ en tales asuntos está relacionada al hecho de que la gente está apegada a la idea del talento, y se resiste fuertemente cuando alguien intenta reducirlo a otro factor como soporte de los padres, contexto cultural, oportunidades disponibles o trabajo duro. Pareciera que queremos que algunas personas tengan talento innato natural.

Es reconfortante pensar que todos nosotros nacemos para hacer algo en particular y esto es tal vez lo que hacemos cuando decimos de ‘encontrarnos a nosotros mismos‘, en lugar de ‘crearnos a nosotros mismos‘. Quizás asumimos la idea del talento porque necesitamos creer que si pudiesemos encontrar la vocación elusiva para lo que fuimos ‘destinados’ a hacer, nuestras vidas entonces despegarían. Siendo menos místicos, tal vez lo que necesitamos también, en la idea del talento, es sentir que nuestras limitaciones en nuestras habilidades es algo que no es nuestra responsabilidad. Si algunas personas son ‘simplemente’ mejores que otras en ciertas cosas, entonces no hay nada que podamos hacer al respecto.

Outliers: The Story of Success, de Malcolm Gladwell (Penguin), es otro bestseller de uo de los cuentistas más extraordinarios de los Estados Unidos. Con todo el riesgo de sobresimplificar, Gladwell sugiere que el éxito no es una cuestión primaria de talento, pero más un asunto de suerte y oportunidades disponibles, en particular cuándo y dónde es donde uno nace así como las espectativas y recursos de las personas alrededor de uno. (Si Anand no se hubiese mudado a las Filipinas un poco antes del Match Karpov-Korchnoi… Si Fischer no hubiese jugado en el contexto de la Guerra Fría,… Si Carlsen no hubiese conocido a Agdestein, etc…).

Por ejemplo, el escritor apunta a la evidencia mostrando que en ciertos deportes la fecha de nacimiento de las estrellas más brillantes no están distribuidas uniformemente, como uno debiese esperar, sino que está muy sesgada hacia la primera parte del año. Así, si usted nació en enero o Febrero, tiene más chances de tener más éxito en ciertos deportes a que si nació en Septiembre u Octubre. Este curioso hecho no tiene que ver con astrología sino que si uno es relativamente más viejo que los de su grupo de la misma edad, se supone que usted será ligeramente más maduro y físicamente más fuerte por lo que en general, sobrepasará en desempeño a los relativamente más jóvenes de su grupo. Así, los niños ligeramente ‘más viejos’ son los que se seleccionan más obtener entrenamiento, para ser más frecuentemente seleccionados en los equipos, y por ello progresan más rápidamente. Gladwell lo pone así: “La pequeña ventaja inicial del niño que nace al principio del año sobre aquel que nace al final del año persiste. Esto fija a los niños en patrones de ‘exito o fracaso en el desempeño, en intención de mejorar a la decepción y esto sigue a lo largo de los años por venir“.

No sé como este punto se relaciona directamente con el ajedrez, pero al menos debería abrirse la idea de pensar de manera diferente a como es el desarrollo inicial en el ajedrez. Con respecto a la edad, Gladwell argumenta que “los maestros confunden madurez con habilidad”, lo cual puede ser muchas veces el caso con los jugadores jóvenes. Así que el primer punto importante es que somos culpables de personalizar el éxito, de imaginar que todo es sobre talento natural y aplicación, cuando mucho de esto está relacionado a estructuras sociales y la fortuna demográfica: ‘ Hacemos reglas que frustran el buen desempeño. Prematuramente etiquetamos a las personas como fracasos. Estamos demasiado enfocados en aquellos que tienen éxito y minimizamos a aquellos que fallan. Y, sobre todas las cosas, somos muy pasivos. No nos damos cuenta del rol importante que jugamos’. Y con ‘nosotros’ me refiero a la sociedad, quien determina muchas veces quién es capaz y quién no.

Continuará…

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