Hiarcs: ejemplo de servicio al ajedrecista (*)

Hace unos años me hice de una Palm Tungsten E. La compré porque pensé que los dispositivos móviles cobrarían importancia en el futuro y no me equivoqué, aunque evidentemente las cosas se transformaron no en agendas electrónicas o asistentes personales electrónicos cada vez más sofisticados, sino que terminaron formando parte de los teléfonos que ahora llamamos inteligentes.

Mi Palm Tungsten E, de color, fue cargada con cuanta cosa encontraba, sobre todo de ajedrez. Me compré el Hiarcs para Palm (Hiarcs es un acrónimo:  higher intelligence auto-response chess system), que ya jugaba a un nivel de gran maestro. Y descubrí que el mundo era bueno y yo feliz. Pero pasaron los años y de pronto la Palm empezó a fallar. Primero fue el cargador. Así, de pronto, me quedé sin manera de cargar el dispositivo y éste agotó la pila. Poco después un profesor de la Universidad Iberoamericana me dio una solución alternativa: un cable para conectar la Palm al USB de la computadora. Pude entonces recargar el juguete. Cabe decir que para esto ya los teléfonos inteligentes habían hecho su aparición, aunque aún eran muy costosos.

Pasaron un par de meses cuando hallé un nuevo problema con la Palm: se descargaba a los 5 minutos de haberla cargado. Algo andaba mal. La mandé arreglar a un centro especializado, en donde le cambiaron la pila. La Palm duró funcionando como un mes, cuando regresó el problema. Tomé una última decisión entonces: me compré por Internet una pila para mi Palm (que incluía todo el instrumental para abrirla). Quité la pila y puse la recien comprada. Soldé los cables y aún me sorprendí que en el diseño no hubiesen puesto una manera de cambiar la pila sin tener que soldar. Desafortunadamente esto no funcionó. La pila se descargaba demasiado rápido y para poder usar el dispositivo, lo tenía que hacer conectándolo contínuamente a la computadora. No me convenció esto y terminé por guardarla al momento que me hacía de un iPod Touch, que en mucha medida sustituía a la Palm, nomás que con más prestaciones, más programas y más memoria.

Pero he aquí que hace unas semanas hallé la Palm y por mera curiosidad en un principio, decidí ver si la podía echar a andar. Encontré el cable USB para conectarla. La cargué. Sincronicé mis datos respaldados (incluyendo el programa de ajedrez Hiarcs) y oh sorpresa: ¡el problema de la batería había desaparecido! Ahora la máquina duraba sin necesidad de estar a la corriente hasta 3 horas (no es la gran cosa, lo sé, pero finalmente funcionó como cuando la adquirí). ¿Qué pasó? Quizás una aplicación dreanaba demasiado rápido la batería. Tal vez tenía que descargarse totalmente. Qué sé yo. La cosa es que la Palm renació como el ave Fénix.

Mark Uniacke, el autor de Hiarcs contra el GM Bareev

Noté sin embargo que la versión de Hiarcs que tenía era la 9.6 y ya iban por la 13.1. Quise instalar esta última versión y registrarla con mi clave, pero no funcionó. Sí pude, no obstante, instalar la versión 9.6 y registrarla sin inconvenientes. Le escribí al autor de Hiarcs, Mark Uniacke, y le pregunté si podía actualizar a la versión 13.1, a lo cual me dijo que sí, pero pagando el 50% (unos 20 dólares). Le comenté entonces que probaría la versión 9.7 (la última de la serie 9.x) y después vería si me cambiaba a la serie 13.x. Noté entonces que en el menú del programa Hiarcs, para cambiar de nivel de fuerza ajedrecística, el sistema se congelaba y aparecía un mensaje de error en una ventana que sólo terminaba con un botón que decía: RESET.

Le escribí de nuevo a Mark, el autor del software (en su sitio hay incluso código fuente de sus primeros intentos), y él buscó la causa de la dificultad. Me dijo que no había tenido reporte de algo semejante. Sugirió  quitar o bajar la memoria de las tablas de hash. Nada funcionó. Vía correo electrónico me dijo entonces que descargara la versión 13.1 y que me mandaría la clave de registro de forma gratuita. Eso debería arreglar la dificultad. Entonces le escribí diciendo que lo justo sería pagar por el programa, pero él no quiso cobrarme. Le interesó más que como cliente quedara satisfecho.

Las respuestas de Mark Uniacke fueron corteses, amables, prontas, buscando hallar lo antes posible la solución a las dificultades encontradas. Me dio soporte y además, cuando no halló ninguna alternativa, decidió darme la nueva versión sin costo alguno. Eso es un servicio al cliente que debe valorarse.

Más de uno se preguntará por qué mi afán por echar de nuevo a andar la Palm. La razón es que los programas de ajedrez, incluso en los dispositivos móviles como los teléfonos o iPods, son muy fuertes. Tienen mucha memoria disponible y ya los procesadores corren muy rápidamente. Por ejemplo, la Palm Tungsten E tiene un procesador TI OMAP311 que corre a 126 MHz. Tiene 32 MB de RAM, con 28.3 MB de RAM para el usuario. El iPod que tengo (segunda generación), tiene un procesador ARM 1176JZ(F)-S a 533 MHz (aunque corre originalmente a 640 MHz). Tiene 8 GBytes de almacenamiento, con 128 MBytes de memoria. Es decir con la Palm los ajedrecistas podemos competir más contra estos ingenios cibernéticos, mientras que con el iPod Touch las cosas se ponen mucho más complicadas. Aún así, cabe decir que la versión 9.5, por ejemplo, ya tenía un rating de gran maestro (2550 puntos, aproximadamente), y en el 2005 le ganó al GM alemán Gustafsson un match a 4 partidas por 3 a 1 puntos (dos triunfos y dos tablas a favor de Hiarcs). Así pues, aunque sea un dispositivo limitado -frente a los que se pueden tener ahora- no es débil ni juega mal. Hay que esforzarse mucho para siquiera hallar un empate.

Hiarcs está escrito para muchas plataformas: iPad, iPod, iPhone, PC, Mac inclusive. Para todo aquel que juegue al ajedrez y se encuentre tan obsesivo como yo en este juego, le sugiero que se haga de un dispositivo móvil y compre Hiarcs. Es económico (la versión del iPod me costó unos 100 pesos), y juega muy, pero muy fuerte. Es un buen entrenador y puede aprender mucho de este programa. Vale la pena, sin duda.

Manuel López Michelone

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(*) Publicado originalmente en Matuk.com

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